El adiestramiento como obligación para el bienestar animal y su relación con el tocino y la velocidad

 

 

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Muchas veces se confunde el término “bienestar animal” en animales domésticos, no dándonos cuenta de que estamos compartiendo nuestras vidas con seres que pertenecen a otras especies, y que, como tal, tienen unas necesidades propias de la misma, que, si no son cubiertas, propiciarán que este bienestar no sea real. También tendemos a mirar por nuestro propio beneficio y comodidad en perjuicio de este bienestar, de nuevo sin ser conscientes de que la especie con la que estamos tratando tiene unos comportamientos, un lenguaje y unas necesidades propias, aparte de contar con que cada individuo es único. Los pilares del bienestar animal incluyen aspectos relacionados con la salud física, el estado emocional y el comportamiento como especie. En cuanto a la salud física, tenemos que contar con la ausencia de enfermedades y lesiones, la alimentación adecuada (cosa que da para otro artículo, sobre todo si lo añadimos al bienestar emocional y las necesidades comportamentales), confort físico y ausencia de frío o calor. En cuanto al estado emocional, tenemos que contar tanto con intentar evitar las emociones negativas: Miedo, estrés, dolor y aburrimiento A nivel de conducta, existen algunas “necesidades de comportamiento”, propias de cada especie. El hecho de no poder mostrar algunas de estas conductas es indudable que tiene consecuencias negativas para los animales. También, los cambios de conducta nos informan de su bienestar. El concepto de bienestar animal es pues, “multidimensional”, y, según la definición de la Organización Mundial de Salud Animal, “un animal se encuentra en un estado satisfactorio de bienestar cuando está sano, confortable y bien alimentado, puede expresar su comportamiento innato y no sufre dolor, miedo o distrés”. A raíz de todo esto, se redactaron “las 5 libertades del bienestar animal”, que son: 1.- Libre de hambre, sed o malnutrición, porque tiene a su disposición agua y se le suministra una dieta adecuada a sus necesidades. 2.- Libre de estrés físico y térmico, porque se le proporciona un ambiente adecuado, incluyendo refugio frente a la inclemencias climáticas, y un área de descanso adecuada y cómoda. 3.- Libre de dolor, lesiones ni enfermedades, gracias a una prevención adecuada y/o a un diagnóstico y tratamiento rápidos. 4.- El animal debe poder mostrar la mayoría de sus patrones normales de conducta, y puede optar a relacionarse con otros miembros de su especie. 5.- El animal no experimenta miedo ni distrés, porque se garantizan las condiciones necesarias para evitar las emociones negativas. Si nos fijamos en todos y cada uno de los puntos, en ninguno aparece que para que un animal tenga bienestar tenga que estar adiestrado, y hablo de adiestramiento en el término más puro del mismo. Un animal debe presentar sus conductas naturales, y sentarse o tumbarse a la orden, dar la patita o hacer la croqueta no forman parte de ello. Que podemos trabajar con nuestro perro de forma amable y enseñarle a hacer cosas, por supuesto. Pero la convivencia y el bienestar no deben ir condicionadas a la “obediencia”. Lo que sí es cierto es que el adiestramiento puede dañar este bienestar. Es más, algunos adiestradores usan técnicas aversivas cuando estas conductas naturales se presentan, como por ejemplo, cuando un perro ladra a otro perro, y, en lugar de trabajar sobre la base y comprender el por qué aparece dicha conducta y qué necesidad tiene el animal de presentarla, se limitan a “corregirla”, inhibiendo una conducta, atentando contra el punto 4, el punto 5, e incluso el punto 2 y 3 según el método que se utilice, ya que el uso de métodos aversivos como collares de ahorque, pinchos, eléctricos, etc, tienen su base de funcionamiento en que producen dolor y/o malestar. Incluso hay algunos que los privan de comida y agua, atentando además contra el punto 1. Con estos métodos el perro lo que aprende es, finalmente, a evitar el castigo, y lo que lo llevamos es a una indefensión aprendida, a que el perro “deje de hacer”, a que no se atreva a tomar la alternativa y se sienta anulado, en lugar de darle herramientas para gestionar las situaciones innatas en su especie, haciendo individuos capaces de evitar problemas o de solucionarlos de la forma en que puedan evitar conflictos. Incluso trabajando con “métodos positivos”, si no lo hacemos bien, podemos atentar contra dicho bienestar, ya que, si no tengo en cuenta algunos factores como tiempo, nivel de exigencia, tolerancia a la frustración, señales de estrés, recuperación, comunicación, etc, etc, estoy incumpliendo algunos de los puntos presentados anteriormente. En conclusión, para velar por el bienestar de un perro, no tengo ninguna necesidad de adiestrarlo, pero si me decido a hacerlo, sí que tengo que tener en cuenta no atentar contra los principios de su bienestar

Por Mary Sánchez, Uprocanes-Pasión4dogs

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